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La gracia: La solución para casi todo

Una conversación con Andy Stanley

por Sandy Feit

Es mucho lo que se ha escrito sobre la gracia divina, pero el pastor y autor Andy Stanley le ha dado un nuevo enfoque al tema. Hace poco, En Contacto habló con él sobre su nuevo libro titulado La gracia de Dios.

Revista En Contacto: Por qué escribió acerca de este tema?

Andy Stanley: Mi editor lo sugirió, pero al principio no me pareció buena idea porque son muchos los libros acerca de la gracia; de hecho, uno de mis libros favoritos es Maravillosa gracia, de Philip Yancey. Así que le pregunté por qué quería que lo hiciera, él respondió: "Porque tú predicas sobre este tema todo el tiempo. Lo explicas claramente, y no se ha escrito sobre esto recientemente". Así que empecé a estudiar, llenar lagunas, y escribí el libro.

REC: ¿Cómo llegó a entender la gracia?

AS: Fue, en realidad, el asunto de las relaciones lo que me llevó a tener una comprensión más amplia de la gracia. Yo solía ser muy condenatorio. Cuando estudiaba en el seminario, tuve amigos que tenían estilos de vida muy poco convencionales. Pensábamos de manera muy diferente, pero los apreciaba. Fue entonces cuando tuve que elegir entre quedarme dentro de mi caja, juzgarlos y decirles: "Después de que cambies, puedes entrar conmigo en mi caja, pero no nos relacionaremos hasta que eso suceda". O brindarles gracia y salir de mi caja —y darme cuenta de que, para empezar, mi caja era demasiado pequeña. Es fácil no brindar gracia mientras uno piensa en términos de categorías. Es fácil ser condenatorio si no nos relacionamos con otros, pero después de escuchar sus historias, podemos decir: "Oh, ahora entiendo".

REC: Debe ser una situación difícil para un pastor, ya que usted tiene que trazar ciertos límites. Usted predica la Biblia, la cual tiene "límites".

AS: Por esto es que la enseñanza de Cristo es tan admirable, pues eso fue exactamente lo que Él hizo. Juan dice que Cristo vino lleno de gracia y de verdad. En Él, no encontramos un balance entre gracia y verdad; encontramos gracia total y verdad total. Es por eso que Él puede mirar a la mujer sorprendida en adulterio, y decirle: "Pecaste, te perdono". No le dijo: "Cometiste un error", ni tampoco "Mira lo que haces". Lo que le dijo fue: "Vete, y no peques más". Son muchas las [historias de la Biblia] que nos confrontan con lo que parecen ser polos opuestos, pero que el Señor reúne en una sola persona. Y como el cuerpo de Cristo, eso es lo que la iglesia está llamada a ser. Es algo difícil y complicado, pero vale la pena.

REC: ¿Ha crecido su comprensión de la gracia?

AS: Indudablemente. Cuando uno es padre, pone en práctica una nueva clase de amor y una nueva clase de gracia. Lo mismo sucede con el matrimonio. En términos de experiencia, el entendimiento de la gracia evoluciona —al menos, debería. Pero pienso que algunas personas resisten esto porque les resulta muy incómodo: creen que la gracia y el perdón son sinónimos de consentimiento, como pretender que no ha pasado nada. Como si, de alguna manera, negarse a perdonar fuera un castigo, cuando en realidad la mayoría de las personas a quienes nos negamos a perdonar ¡ni siquiera saben que nos hemos negado a perdonarlas! Por tanto, no se sienten castigadas. Es como estar enojado y tomarse uno mismo el veneno. La gracia actúa de la misma manera: brinda gracia a un pecador, o a alguien que está "equivocado", o a un ofensor, y hace sentir en cierta medida que uno lo ha perdonado.

REC: ¿Cómo se relacionan la gracia y la obediencia?

AS: Pablo escribió en Romanos [2.4]: "La bondad de Dios… guía al arrepentimiento". Si la fe cristiana es fundamentalmente una relación con Dios, entonces el temor y las exigencias deben subordinarse al amor y a la invitación. Otra vez, eso es lo que vemos en Cristo. Personas que eran muy distintas a Él, simpatizaban con Él.

Otras palabras que ayudan a describir la gracia son: "Puedo aceptarte sin aprobar algo que haces". Aceptar a una persona y aprobar lo que hace son dos cosas diferentes. Y es evidente que Jesús tenía esta extraña forma de comunicar total aceptación sin comunicar aprobación.

Todo buen padre entiende esto [cuando le dice a un hijo]: "Te amo, pero no apruebo lo que hiciste". El hijo siente, entonces: Oh, no me aceptas, pero la óptica del padre es: ¡No! No es un asunto de aceptación, sino de aprobación. Pienso que si podemos mantener claras estas dos categorías, tenemos entonces permiso para guardar distancia con una persona sin el temor de que ella piense que estamos condenándola.

Pero la verdad es que todos nos cerramos a las personas que no nos aceptan. Por tanto, si mi preocupación es realmente la conducta de una persona, pero queremos ayudarla a cambiar, ella debe sentir que la aceptamos, o se cerrará a nuestra influencia. Cristo pudo decir a la mujer sorprendida en adulterio: "No apruebo lo que hiciste, pero te acepto". La aceptación allana el camino para ejercer influencia. Por consiguiente, cuando la iglesia o un cristiano confunden aceptación con aprobación, y dicen: "Porque no apruebo lo que hiciste, no te acepto", habrán cerrado definitivamente la posibilidad que tuvieron de ejercer alguna influencia.

REC: La comparación entre padre e hijo es útil. Noté también que hay varios ejemplos parecidos en el libro.

AS: He descubierto que si las personas están confundidas en cuanto a este asunto, la niebla desaparece al hablarles del modelo de la crianza de los hijos. Tengo un amigo que no está seguro de que es salvo, por las cosas que ha hecho o por las cosas en que piensa. [Así que le digo] "¿Se convierten tus hijos en tus hijos por actuar y pensar de cierta manera? No, tú naciste en tu familia". Es por eso que "nacer de nuevo" es el modelo; no es el "comportarse de nuevo", sino "nacer de nuevo".

Quiero referirme al punto de nacer en la familia de Dios. Cristo es realmente quien dio inicio a nuestra referencia a Dios como "Padre", cuando los discípulos le dijeron: "Enséñanos a orar". Él les dijo: "Bien, así es como deben empezar: ‘Padre nuestro’". Hoy estamos acostumbrados a eso, pero los judíos del primer siglo podían haber considerado irrespetuosa esa intimidad con Dios.

Por eso, cada vez que la cuestión se vuelve confusa, pienso: De acuerdo: padre/hijo, porque toda estas tensiones están en la relación paternal. Si pensamos en rey/súbdito o amo/siervo, eso es inapropiado. Y hermano mayor/hermano menor involucra un dramatismo relacional que confunde el asunto. Pero si Dios realmente es "Padre", entonces puedo ser un hijo rebelde, pero sigo siendo un hijo. Puedo ser hijo pródigo, pero sigo siendo hijo. Puedo ser el hermano mayor, y seguir siendo hijo. La relación sigue estando allí, aun cuando haya algún problema de aprobación.

REC: ¿Qué es lo que más lo ha admirado en cuanto a la gracia?

AS: Lo poderosa que es. Es por eso que casi subtitulé al libro "La solución para casi todo". La gracia permite que una relación verdaderamente difícil, se convierta en una relación restaurada.

Es admirable lo poderosa que es, incluso cuando la persona esté dispuesta a tomar la iniciativa. Vemos una vez más que "Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos". Dios tomó la iniciativa. Y lo mismo sucede con la gracia. La gracia dice: "No voy a esperar; voy a encontrarme contigo; voy a tomar la iniciativa".

REC: Usted dice en el libro que "merecer la gracia" [de Dios] es una contradicción. Pero, ¿podemos decir que los demás "merecen la gracia" de nosotros —en el sentido de que tenemos la obligación con Dios de mostrarles benignidad?

AS: Es una pregunta estupenda, ¿tenemos una obligación? Sí, pero si es algo motivado por la relación, es más que una obligación —es un deseo. Permita Dios que mi esposa decida seguir casada conmigo, no porque esté obligada. Hay, efectivamente, personas que permanecen en el matrimonio porque están obligadas. Entonces, ¿obedezco a Dios porque estoy obligado a hacerlo? Puede ser, pero esa no es la intención. La intención es: "Tu benignidad me ha guiado al arrepentimiento". Vivo bajo el toldo del perdón y de la gracia. Por tanto, tiene que ser como un buen matrimonio; debe ser como una buena relación padres/hijo. ¿Tienen obligatoriamente mis hijos que obedecerme? ¿O realmente creen que quiero lo mejor para ellos, y por eso confiarán en mí?

La relación de Dios con el hombre, en el huerto del Edén, se arruinó por una cuestión de confianza, por lo que tiene sentido que esa relación debía ser restaurada y caracterizada por la confianza. Cualquier cosa menos que eso se convierte exactamente en lo que usted dijo: en una obligación, en un "¿no debo hacerlo?", y en un "tengo realmente que hacerlo". Vivimos en esa tensión como cristianos, pero no es el fin del asunto; ese no es el propósito de Dios.

Entonces, ¿debe el desbordamiento de mi gratitud a Dios llevarme a brindar gracia a los demás? Desde luego. Pero no creo que usaría la palabra "merecer". Pues puede confundir mi manera de pensar acerca de Dios. Por supuesto que tengo una obligación; estoy obligado con Dios por todo. Pero tan pronto como digo "debo", estoy comenzando a pensar que tengo una deuda que puedo pagarle a Dios. Cuando en realidad, el punto del evangelio es que aunque tenía una deuda, ésta fue pagada por completo.

REC: Tanto de la gracia está en contra de la manera de pensar natural.

AS: Es por eso que me gusta este tema: la gracia es radical. Cristo no solamente murió por nosotros; Él murió en la cruz. Ver a alguien que decidió morir de manera tan espantosa, es más radical de lo que imaginamos. Ese es el significado de la gracia.